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"Imagínese la vergüenza cómo un líquido, digamos una bebida dulce y espumante, que sale de un distribuidor automático, usted pulsa el botón correcto, y un vaso deja caer un chorro del líquido", escribe Salman Rushdie en su novela "Vergüenza". El autor narra como la vergüenza de los padres se va envasando en el alma del niño. En el parto: el padre, un patriarca militarista, reacciona con ira ante la noticia de que su primogénito es "sólo" una niña. Como consecuencia, la bebé se sonroja y ya desde el momento de su nacimiento, siente vergüenza. La niña crece con deficiencias mentales y se convierte finalmente en una asesina.

La vergüenza es un sentimiento altamente torturante y "secreto" que raramente se expresa con palabras. Está íntimamente ligado a reacciones corporales como el sonrojarse. Todas las personas y todas las culturas conocen la vergüenza, sin embargo su intensidad varia.

La vergüenza se produce:

  • Cuando nuestras barreras corporales o mentales son ultrapasadas, por ejemplo con desnudamiento, en casos de degradación, abuso, tortura u otros traumas.
  • Cuando presenciamos la vergüenza de otros, por ejemplo, cuando otros son humillados.
  • Cuando violamos los ideales de nuestra conciencia.
  • Cuando no cumplimos con las expectativas e ideales de nuestra familia, grupo o sociedad. En Alemania la "debilidad" y la "debilidad social" son vistas como algo vergonzoso, por ejemplo, cuando hay pobreza, dependencia, deudas, desempleo, se aceptan limosnas o se carece de educación.
  • Uno puede avergonzarse de uno mismo, pero también de otros, por ejemplo, por los miembros de nuestra familia, grupo o nación.

Según Leon Wurmser, los precursores de la vergüenza se desarrollan tempranamente en la comunicación entre los padres y el niño y se transmiten a través de la mirada y el cuerpo. Más tarde, la mirada del otro se internaliza y llega a ser la mirada interior hacia sí mismo, llega a convertirse en la auto-imagen. Las investigaciones con lactantes demuestran como el recién nacido ya tiene una necesidad fundamental de comunicación con su entorno, una necesidad de ver y de ser visto, de fascinar y de ser fascinado. El niño busca el brillo reflejando en la mirada de sus padres (Heinz Kohut). Respecto a esta temprana comunicación entre los padres y el niño, es sobre todo importante, que las barreras del niño sean respetadas, para que una vergüenza sana se pueda desarrollar. La vergüenza sana señaliza y protege la integridad y las barreras de sí mismo en la interacción con los otros. A diferencia de esta, la vergüenza traumática que se tratará a continuación, tiene origen cuando la comunicación temprana entre los padres y el niño se ve perturbada:

  • Por ejemplo, cuando los padres son impertinentes y no respectan las barreras del niño.
  • La comunicación también se perturba si los padres son imprevisibles y están a veces cerca y otras veces lejos del niño.
  • O cuando los padres no pueden mostrarse cariñosos con este, ya sea porque están mentalmente ausentes o porque son depresivos, adictos o están traumatizados.

La comunicación entre los padres y el niño puede estar perturbada por un fracaso individual de los padres, pero también por prácticas educativas de una cultura especifica. Como se observa en Johana Haarer, quién aconseja en su libro "La madre alemana y su primer hijo" del año 1934 (época del nacionalsocialismo: "el niño tiene que estar separado de la madre y hay que dárselo a ella solamente para darle el pecho". Cuando el niño llora, "es llevado a un lugar tranquilo donde se queda solo y solo vuelve a estar con la madre para ser amamantado". Evidentemente un reflejo seguro y cariñoso en la mirada de los padres, no puede darse con estas prácticas.

Si el niño busca con sus ojos anhelantes y no encuentra en la mirada del otro un reflejo cariñoso, siente un rechazo o una humillación. Los niños pequeños reaccionan desde sus primeras días de vida, al contacto corporal o visual perturbado con desgano y retraimiento, apartando la cara o la mirada. El niño se siente existencialmente amenazado, desvalorizado, insignificante.

De esto puede desarrollarse una vergüenza traumática (también depende de los así llamados factores de resiliencia) – sobre todo cuando se agregan experiencias de impotencia, humillación, tortura o abuso. Estas pueden ser experiencias individuales: cuando una sola persona es, más o menos por casualidad, humillada, violada o traumatizada. También pueden ser experiencias colectivas de humillación estructural, como es el caso cuando algunas personas son despreciadas o excluidas porque tienen el género "falso" (como en el ejemplo de Salman Rushdie); porque nacieron como parias ("los intocables" en el sistema hinduista de las castas) o porque vienen de una clase, estrato social o grupo despreciado.

La vergüenza significa que la humillación sufrida se absorve en uno mismo: La mirada del Otro se internaliza y llega a ser la mirada de sí mismo. La autovaloración se ve perjudicada fundamentalmente. Haber cometido un error es vivido como "Yo soy un error". Según Peer Hultberg la vergüenza se conecta con "un miedo mucho más profundo que el del castigo, con el miedo de ser excluido de la sociedad humana. Vergüenza significa miedo de la extinción física."

Cuando se esta avergonzado, el yo se encuentra en un estado de miedo existencial y en este estado de miedo se activan otros sistemas neuronales primitivos, por ejemplo, en situaciones de apreciación o alegría. Cuando nos avergonzamos, el llamado cerebro reptil asume la dirección. El sistema nervioso esta totalmente adaptado a escaparse de la fuente del miedo y para esto se reduce a las comportamientos más simples: esconderse, desaparecer, querer hundirse en el suelo. La vergüenza tiene el efecto de un choque, que hace desencadenar las funciones superiores de la corteza cerebral. La razón, la memoria, la facultad de hablar o la regulación de afectos no están disponibles en estos momentos. Uno se siente como un nadie, carente de valor.

Este sentimiento es muy doloroso, apenas soportable y por esto se tiende a rechazarlo. Los mecanismos más importantes para defenderse de la vergüenza son los siguientes:

  • Esconder y congelar detrás de una máscara de piedra los sentimientos personales y vulnerables "suaves", como el amor, la tristeza o la concordia. Esta solidificación emocional puede resultar en un aburrimiento crónico que penetra todo y pueden llevar al suicido.
  • Por medio de la proyección: los otros son proveídos con características que le dan vergüenza a uno mismo (p. ej. debilidad) y son insultados con las expresiones respectivas (débil, cobarde)
  • A través de avergonzar y despreciar; el pasivo se convierte en activo: los otros son burlados, humillados, convertidos en números u objetos, excluidos de la comunidad o aniquilados sobre todo los que son considerados como débiles. Este avergonzar a otros también se puede dirigir contra el propio niño y así es transmitido de manera transgeneracional: sea porque es "solamente" una niña (como lo cuenta Rushdie) o porque el hijo no es suficientemente "masculino".
  • Otras formas de defensa de la vergüenza son el cinismo y el negativismo (que muchas veces son confundidos con crítica): un desprecio que se dirige contra las valores y finalmente contra los seres humanos.
  • El sentimiento fundamental de no ser nada también puede ser rechazado con arrogancia o una masculinidad ostentosa, simulando confianza en sí mismo.
  • La impotencia se convierte en poder por medio de la violencia. Por ejemplo, un alumno de 18 años, que en noviembre de 2006 en una escuela alemana y en estado de locura homicida iba destruyendo y matando con un fusil hasta quitarse la vida. En su carta de despedida decía: "En la escuela, me enseñaron que era un perdedor. Si uno no tenía el último módelo de teléfono celular, uno no era valorado, no era reconocido.... Vosotros os habéis burlado de mi, ahora tenéis que pagar por eso!" …"
  • Para defender la propia vergüenza, se sueña con fantasías megalómanas para salir de la existencia humillante. A través de la idealización de una persona, un grupo o una nación.
  • Por la formación de reacciones: el sentir vergüenza es también rehusado demostrando falta de vergüenza. Desconsideración, desprecio de ideales, violencia, fraude o abuso son expuestos desvergonzadamente. Una declaración típica seria : "Yo ya abandoné mis ideales desde hace mucho tiempo, tu eres un ingenuo por ser tan idealista."
  • Los que sufrieron una infamia se esfuerzan por restablecer el "honor " perdido. Los seres humanos puede hacer cosas increíbles cuando su dignidad se ve amenazada! Por ejemplo en el libro júvenil de Erich Kästner "El aula voladora" donde un alumno salta con un paraguas de una alta escalera para probar a sus compañeros que el no es un cobarde.
  • Perfeccionismo: Cuando soy perfecto/a, nadie más me puede avergonzar.
  • Expresándose de una forma incomprehensible, con muchos extranjerismos y frases hechas y complicadas; entonces me vuelvo inatacable. En lugar de eso, el oyente es intimidado y obligado a sentirse incompetente.
  • El sentimiento profundamente arraigado de no ser querido también puede llevar a una forma de hambre crónica: que puede llevar a un comportamiento adicto en relación a la comida, la posesión, el poder u otras substancias adictivas. En el libro "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry, el alcohólico describe este círculo vicioso de vergüenza y adicción: "Yo tomo porque tengo vergüenza y yo tengo vergüenza porque tomo".

En las ciencias sociales se ha observado que hay ciertas culturas y subculturas en las que las relaciones se han dado de manera ideal/típica, reguladas sobre todo por la vergüenza y su defensa (las así llamadas "culturas de vergüenza"). La vergüenza y el avergonzar son utilizados para establecer estatus, poder o impotencia. En familias disfuncionales o pandillas de jóvenes, las relaciones son dominadas por la solidificación emocional, el avergonzar del otro, el negativismo, comportamientos adictivo o un lenguaje despectivo y cínico: No muestre nunca su debilidad!

Porque los sentimientos de vergüenza son tan torturadores y muchas veces inconscientes; representan un potencial, que puede ser instrumentalizado fácilmente según el principio: "avergüenza y reina!". Así un ritual típico, sobre todo entre muchachos y hombres, consiste en burlarse de las debilidades de los otros. Así se crea una jerarquía y pseudo-comunidad: los que ríen se alían en contra de los burlados. Esto funciona en las padillas de jóvenes, en el mundo del trabajo ("mobbing") y en la política.

En el proyecto de investigación sobre el pasado alemán "Historia y Memoria", hicimos entrevistas con seguidores del nacionalsocialismo. El análisis de las entrevistas no llevó al siguiente resultado:

Evidentemente la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y los años siguientes (la así llamada República de Weimar) fueron vividos por una gran parte de la población como algo vergonzoso (y este punto de vista fue promovido masivamente por la propaganda de los nazis): el Tratado de Versalles de 1919, que terminó la Primera Guerra Mundial, atribuyó a Alemania la culpa por la guerra y esto fue vivido como vergüenza. Se agregaron las deudas como consecuencia del Tratado, la pobreza, el desempleo, la inflación monetaria como consecuencia de la crisis económica y la "debilidad" pólitica del gobierno de aquella época.

Otro factor, fueron los sentimientos de vergüenza de los veteranos de guerra traumatizados: en 1918 volvieron cerca de 11 millones de veteranos al "Imperio Alemán". Casi todos los hombres adultos alemanes habían paticipado en la guerra, muchos de ellos estaban traumatizados y esto, como es característico de los traumas, les llenó de vergüenza.

El nacionalsocialismo supo instrumentalizar todos estos sentimientos de vergüenza para sus fines, ofreciendo a sus seguidores una defensa de esta vergüenza y legitimándola:

  • Por medio de la idealisación de Adolf Hitler (como el "más grande líder de todos los tiempos") y de los Alemanes (como "la raza superior").
  • Por medio de las promesas de acabar con la "vergüenza" de Versailles y de restablecer el "honor" de Alemania.
  • Por medio de pretensiones megalómanas y fantásticas sobre el domino del mundo.
  • Por medio de un concepto del mundo duro y cínico, que rechaba valores supuestamente "más débiles" y humanistas.
  • Por medio de la vergüenza y el desprecio de los conciudadanos judíos y no-conformistas: estos fueron burlados, humillados, apartados, desvalorizados y reducidos a simples números para ser después aniquilados. El avergonzar en público fue uno de los métodos principales del terror de los nacionalsocialistas similar a las técnicas de castigo de la Edad Media.

El nacionalsocialismo acabó. ¿Pero dónde quedó la "vergüenza alemana" después de 1945? ¿Se difuminó?. Parece poco probable: ante otra derrota en la guerra, después de millones de experiencias traumáticas en el frente, en los búnkeres, por violaciones, fuga y expulsión, y ante millones de crímenes del Holocausto y de las fuerzas armadas alemanas.

Mi tesis es que la verguenza de la sociedad alemana de pos-guerra se ha infiltrado y sigue intoxicando hasta el día de hoy, latentemente nuestras relaciones interpersonales. Sin embargo, la República Federal Alemana, al contrario del Nacionalsocialismo se entiende conscientemente como una cultura moderna de culpa y sin duda, ha ganado mucho en humanidad y amabilidad. El articulo 1 de la constitución alemana ("Grundgesetz"-la ley fundamental) dice: "La dignidad del ser humano es intangible".

Pero de hecho la dignidad de los seres humanos es violada cada día. Ya empieza con el tráfico cotidiano, con los muy frecuentes movimientos despectivos hechos con las manos. Una periodista francesa escribió una vez: no tomamos a mal a los alemanes que conducen un Mercedes, pero como lo conducen.

La verguenza está por todas partes, se ha vuelto una parte de nuestra sociedad que muchas veces ni notamos. Muchas de nuestras relaciones interpersonales están infiltradas de vergüenza y avergonzar. Es la secreta herencia de nuestra historia: por ejemplo cuando se compara a las personas ancianas con "chatarra". Cuando los desempleados son despreciados como "parásitos gandules" o "basura del bienestar". O cuando los profesores, (como ningún otro grupo profesional), son avergonzados públicamente, por ejemplo por los politicos al llamarlos "vagos", por los padres y los medios (es el caso de la revista de noticias "Der Spiegel" quien los ha caracterizado varias veces como "fracasados en los estudios, indecisos, tímidos y lábiles, en otras palabras tontos, perezosos y enfermos").

Esta es a mi entender la miseria de las escuela alemana. Porque como he mencionado antes, las capacidades mentales más altas no están disponibles en una situación de vergüenza. ¿Cómo puede la escuela tener éxito, si los actores más importantes son humillados permanentemente en público? Las humillaciones les enferman, como ha sido mostrado por una variedad de investigaciones medico-sociológicas.

Asimismo muchos alumnos viven la vergüenza en su hogar, o através de compañeros o profesores. Annedore Prengel estima que uno de cada cuatro alumnos es despreciado en el salón de clases. Muchos adolescentes experimentan aún más vergüenza en la formación profesional, en la formación militar o en la universidad.

Así se va delegando la vergüenza de una generación a la siguiente, comparable a un liquido que se vierte sin parar. Un medio para la transmisión es a veces la asignatura de historia. Según una investigación de Konrad Brendler, después de haber asistido en varias asignaturas, a un gran número de clases sobre el nacionalsocialismo y el holocausto aproximadamente dos de cada tres jóvenes sienten vergüenza por los crímenes que fueron cometidos por las dos generaciones anteriores, décadas antes de su nacimiento. Y de esta manera las organizaciones neo-nazis apelan a estos sentimientos de vergüenza ofreciendo una defensa de la vergüenza por medio de la violencia contra las minorias y consignas de honor y gloria.

Formulado positivamente: creo que para la sociedad alemana, sería muy fructífero enfrentarse con la vergüenza y la defensa de la vergüenza: Como profilaxis contra el extremismo de derecha y para crear una escuela y una formación exitosa, así como para configurar relaciones interpersonales más amistosas y humanas.

talleres sobre la dignidad y la vergüenza:

Dr. Stephan Marks, Marienstrasse 10, D-79098 Freiburg, Alemania
E-Mail: Diese E-Mail-Adresse ist vor Spambots geschützt! Zur Anzeige muss JavaScript eingeschaltet sein!

Dr. Ilse Schimpf-Herken, Paulo-Freire-Institut, Wiclefstr. 17, D-10551 Berlin, Alemania